Frase de la semana

Frase de la semana: "El niño no aprende lo que los mayores dicen, sino lo que ellos hacen" (B.P.)

martes, 30 de agosto de 2011

Un campamento muy especial


Como dice el título, mi campamento ha sido muy especial.

En primer lugar era mi primer campamento de verano como coordinador de rama, lo que suponía para mi un reto, ya que no es fácil estar 12 días dándolo todo con 30 niños que tienen más energía que tu y todo tu kraal juntos.

Pero sin duda lo más importante es que realicé mi promesa scout, que sin duda fue aún más especial si cabe porque pude comprometerme ante mi grupo y ante nuestros hermanos del Grupo Scout Delaware.

Nunca podré olvidar estos doce días de Agosto, el momento en que mi padrino cambió mi pañoleta por la suya y sobre todo el momento en que todos los aplausos quedaron en un silencio y solo podía ver a gente sonriendo a mi lado, alegrándose por mi alegría y por mi compromiso como scout.

Sentí como estrechar mi mano izquierda con los miembros de mi kraal tuvo más significado que nunca, incluso durante un momento dejé de ver con claridad y solo podía ver como se fundían los colores de los uniformes y las pañoletas.

También eché de menos a gente que me hubiera gustado que estuvieran presentes en un momento tan fundamental para mi, como mi amigo Pablo González que me devolvió a la senda del escultismo y que en parte tiene la culpa de todo lo que me sucede al seguir este movimiento. Sin embargo, también me emocionó saber que allí presentes estaban algunos de los que fueron mis responsables, como Álvaro Abuín, Javi Alcázar, Miguel Gil y Mª Jesús.

Uno de los momentos más emocionantes fue mi raid. Era la primera vez, así que para ser sincero, estaba un poco nervioso, aunque en parte me tranquilizaba saber que no estaría solo en el camino ya que me acompañaría mi amigo y compañero Pedro Benítez.

Un raid da para mucho. En mi caso no solo me sirvió para reflexionar sobre mi vida y mi vida como scout, también me unió más con mi compañero, me enseñó a ver las cosas de otra forma y a comprenderlas.



Pude contemplar el amanecer tras las ruinas y como las nubes quedaban bajo nuestros pies. Todo parecía insignificante desde la cima y las águilas se volvían majestuosas. La mochila apenas pesaba entre alcornoques, acebos y robles, la fatiga desaparecía al ver a tu compañero caminar con paso firme, el calor no importaba cuando pensabas en tu compromiso.

Fueron casi 40 km para pensar y reflexionar, pero también para disfrutar. Nunca olvidaré las vistas desde el Pico del Aljibe, el Peñón de Gibraltar a lo lejos, el agua fría del riachuelo en mi cara por la mañana, la bajada del Picacho, la mano de mi compañero ofreciéndome agua, la maldita lata de paté que devoré hasta la etiqueta, la llegada al campamento, los abrazos de mi kraal...

A todos los que estuvisteis presentes, a todos los que os alegrasteis por mi y a todos los que me habéis ayudado, GRACIAS.